¿Niños sí, niños no?

Realmente...¿es molesta la infancia?
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¿Niños sí, niños no?

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El sector turístico ofrece multitud de ofertas de ocio donde prácticamente todo tiene cabida. Pero si bien es cierto que se puede decir que hay para todos los gustos, siguen habiendo dos bandos bien diferenciados “niños sí, niños no”.

Estos dos conceptos son diana de debate, en muchos de los casos llevado al extremo, donde si el tema se envuelve con un poco de sentido común y una pizca de respeto…seguro que no nos resulta tan complicado llegar a un punto medio.

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Dejemos de tratar  a los niños como “ente externo” a la sociedad, e involucrémosles en nuestras vidas en vez de separarlos. Forman parte de nosotros, y nosotros de ellos.

 

Si bien, cada vez son más las empresas que se suman, en este sentido, a ofrecer en sus actividades el respeto que la infancia se merecen; pero  todavía queda mucho trabajo y es necesario concienciar al turismo de que los niños existen, tienen necesidades y experimentan emociones.

Un ejemplo de que el camino está todavía por trabajar son los hoteles catalogados como “only adults” o las compañías aéreas donde se prohíbe volar con bebés o niños pequeños. Éste tema suscita gran debate entre los partidarios a estos conceptos y los que no lo son. Pero realmente, lo importante no es el servicio que ofrecen donde los niños no son bienvenidos, sino la “normalidad” con lo que se acepta en nuestra sociedad y el marketing que hay detrás.

Todos nos tiraríamos las manos a la cabeza si hubiera hoteles o compañías aéreas donde se prohíba la entrada a un adulto por su edad, su condición física, su etnia, su religión o su orientación sexual.

Las tácticas de ventas y promoción de estos productos son en ocasiones insultantes para la infancia. Venden utilizando la figura de los niños como algo molesto y de lo que es mejor prescindir.

Sabemos que un hotel enfocado por ejemplo al retiro, al relax, donde se busca el silencio y la introspección puede resultar “poco atractivo” para las familias con niños, por eso mismo está demás el hacer uso de “publicidad gratuita” con frases como: “un lugar de descanso para vosotros sin niños o tus verdaderas vacaciones…”. Con una buena estrategia de marketing y publicidad se puede llegar al cliente deseado sin necesidad de utilizar el “concepto niño” como lo opuesto a unas verdaderas vacaciones o a un momento placentero. Por ejemplo no es lo mismo “only adults” que “Adults oriented”, aunque ambos conceptos van dirigidos a un mismo segmento del turismo, este último indica perfectamente al público al que va dirigido de una manera más respetuosa.

Es fundamental la segmentación (y hasta en ocasiones la hipersegmentación) y la especialización en sector como el turístico donde el abanico de posibilidades es enorme, pero siempre haciendo un uso de las herramientas de marketing adecuadas.

 

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Para vender un producto no es necesario basar la técnica de venta en etiquetar a la infancia como algo molesto, ruidoso, y hasta en ocasiones insoportable.

Utilizando el sentido común, ninguno de nosotros llevaríamos a nuestros hijos a un lugar inapropiado para ellos o donde realmente ellos no fueran a disfrutar. Pero el quid del asunto va más por los aspectos morales y psicológicos de estas “prohibiciones”.

Los niños no votan, no compran…y por tanto son considerados como ciudadanos de segunda, ellos necesitan de los adultos para poder proteger sus derechos, por lo que si estos entran en conflicto con los derechos de los adultos…claramente van a perder la batalla.

Lo realmente duro, es que tenemos más que aceptado que los niños estén “separados” de nuestra sociedad, sin caer en el pequeño detalle de que todos hemos sido niños, y de que éstos niños se convertirán en adultos. Si les respetamos, habrán  adultos respetuosos, si les enseñamos a discriminar …¿Qué creéis que conseguiremos?. De nuevo aparecen las emociones.

 

Un niño tratado con respeto y empatía crecerá con una base en estos conceptos, que permanecerá durante su etapa adulta.

 

En nuestra opinión prohibir no es la solución moralmente más correcta ni tampoco la mejor.  El uso del sentido común y la educación a nuestros hijos enseñándoles empatía y respeto, explicándoles, por ejemplo, que hay lugares donde es valioso el silencio y otros donde no lo es tanto, es una forma no sólo de hacer desaparecer ese “miedo” generalizado a la infancia, sino también de criar a adultos responsables, respetuosos  y empáticos.

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